miércoles, febrero 21, 2007

Convivencia en Peña Trevinca


El sábado a las tres vinieron los chicos de Albeiro para recogerme y seguir camino hasta Vilanova, un pueblecito situado a 1.230 metros de altitud, al pie del macizo de Peña Trevinca. Llegamos con la nieve recién caída. Primero nos instalamos, luego tuvimos un rato de meditación, a continuación preparamos la cena y, después de cenar, nos fuimos pronto a dormir. El domingo nos levantamos temprano, a las 7,00, desayunamos y nos preparamos para salir de excursión. El plan era subir hasta la cima de Peña Trevinca siguiendo el camino que recorre la cresta desde el pico Maluro, pero había tanta nieve que, cuando llegamos al pico Maluro, nos pareció prudente que los chicos regresaran por el camino de ida, y Anxo se ofreció voluntario para volver con ellos. Josiño y yo seguimos hacia Peña Trevinca. Al acercarnos a la cresta que llaman Lombo Roncín, desapareció la niebla que nos había acompañado por la mañana y quedó un día soleado expléndido, con un paisaje nevado precioso. Cuando llegamos a la cima, el panorama era tan bonito, que sólo quien se acerca a contemplarlo de cerca puede disfrutar de esa maravilla de luz, y silencio. Mientras tanto, los chicos se divertían de regreso al refugio haciendo bolas de nieve como la de la foto, y tirándolas ladera abajo. A las siete nos volvimos a juntar para asistir a Misa. A la salida, aprovechamos para saludar a los vecinos del pueblo, que estaban muy contentos de volver a ver al grupo. El lunes por la mañana fuimos a ver a Francisco y Rosa, un matrimonio que, entre los dos juntan 183 años. Francisco contaba a los chicos sus años de trabajo en la mina de Wolframio, y los chicos le escuchaban con atención. Después de comer nos despedimos y regresamos a nuestras casas. Ha sido una excursión preciosa de tres días que esperamos repetir. Un saludo. Eduardo.

martes, febrero 13, 2007

Igloo en Manzaneda


El sábado fuimos a Manzaneda con los chicos del Club. No había nieve en las pistas, pero quedaban algunos neveros con la nieve suficiente para construir un igloo. Fue la atracción de la gente que había subido a la estación de montaña. Todos los niños que se acercaban querían entrar en la "casita de nieve", y los padres hacían las fotos, contentos de ver a sus hijos felices asomando la cabeza por la puerta del igloo como si fueran conejos saliendo de la madriguera. Resultó un plan divertido, y, si Dios quiere, volveremos el año que viene.